Pensar-hacer-pensar
junio 14, 2026
Desde el cuerpo, al mismo tiempo y en movimiento.
Este fin de semana fue el festival Cádiz en Danza. Maravilloso festival. Súper recomendado.
La noche del viernes, entre amigas y compañeras, salimos a celebrar juntas. Entre las conversaciones de calle, las trivialidades de la noche y las honduras de la misma, estuve hablando con un creador de la escena sevillana. Un personaje simpático, grandón. Aunque no conozco personalmente su trabajo, las voces que llegan dicen que es interesante y divertido. No tengo dudas de que así debe ser.
Entre el jiji y el jaja, me contó que había estado reunido durante varios días, en el marco del festival, con un grupo de creador@s para desarrollar una pieza.
—Estuvimos siempre con el ordenador. Nadie se levantó de la silla —dijo—. Pensando primero para poder pasar a la acción después.
Y ese comentario me hizo pensar.
Mucho.
No porque crea que el pensamiento no produce obra. Ni porque crea que la danza no piensa. Ni siquiera porque considere que la mente no es cuerpo. Nada de eso.
Es más bien que, sin quitar ni un granito de importancia a la conceptualización en las artes, pienso en la necesidad de crear desde el cuerpo, a partir del cuerpo, a través del cuerpo. Y no sólo para hablar del propio cuerpo, sino para percibir y expresar cualquier asunto: carnal o abstracto, cotidiano o filosófico.
Porque si no hay cuerpo, no hay experiencia.
Y sin experiencia no existe información completa. O, al menos, información conectada al contexto.
No es lo mismo pensar en el hambre y escribir sobre ella, incluso cuando conoces las ideas de otras personas que ya han pensado y escrito sobre el hambre, que tenerla, sentirla y describirla.
Cuando una experiencia atraviesa el cuerpo, el pensamiento deja de ser un hilo y se convierte en un árbol entero. Ramas y raíces que, en lo invisible de los subsuelos de la conciencia, conversan con el mundo. Tu hambre dialoga con todo lo que existe para ti en ese instante. Poco importa si las referencias son cultas, si están alineadas con los lenguajes de vanguardia o si alguien ya dijo algo parecido antes.
Tu hambre es.
Y precisamente por eso puede volverse empática, vinculada, sostenible. Porque nace de una experiencia encarnada.
Eso es lo que hace el cuerpo.
Eso es lo que resulta del pensamiento que nace de la experiencia y del movimiento.
Es.
Y esto no es moralismo. Tampoco conservadurismo, tradición o nostalgia. Es rendición. Rendición a lo que es.
Y ahí aparece su dimensión política.
Porque nuestro mundo moderno —y cuando digo nuestro mundo moderno me refiero exactamente al que produce y organiza el capitalismo contemporáneo— nos empuja constantemente a abandonar el cuerpo como ser inteligente que procesa, genera y comunica conocimiento.
Todo parece orientado a sustituir los tiempos y los espacios de la experiencia por herramientas que destilan, sintetizan y aceleran el conocimiento.
No sólo se construyen estructuras para que el cuerpo moleste. También se nos enseña que aquello que surge del cuerpo es inferior: intuitivo, confuso, poco fiable. Mientras que el conocimiento digno, brillante y legítimo sería exclusivamente intelectual.
Como si la sensibilidad, la intuición, la imaginación, los olores, las imágenes, los movimientos, los aciertos, los errores, las funciones y las disfunciones del cuerpo no fueran también dispositivos insustituibles de producción de conocimiento.
El cuerpo, con toda su densidad, produce conocimiento vinculado al medio, al mundo y a l@s otr@s. Produce conocimiento en relación.
La mente, en su airosa velocidad, puede llegar a sostener una verdad sin necesidad de vínculo.
Y ahí residen algunos de sus peligros.
Como creador@s escénicas, nosotras conocemos las virtudes de un cuerpo que genera conocimiento desde la práctica. No podemos dejar de hacerlo. No podemos entregarnos por completo a esta corriente caudalosa que pretende construir mundo desde ideas separadas de la experiencia.
Porque intuimos lo que eso implica.
Una pérdida progresiva de referencia sobre aquello que sostiene la vida y aquello que la destruye.
La urgencia no es abandonar el pensamiento conceptual.
La urgencia es devolverle cuerpo en acción.
Pensar no después del cuerpo.
Pensar no sobre el cuerpo.
Pensar con el cuerpo mientras acontece.
Pensar-hacer-pensar al mismo tiempo, desde el cuerpo y en movimiento.
Porque el conocimiento no se produce primero en el pensamiento ni primero en la acción.
Surge de una espiral continua de pensamiento-acción en la que ambos se generan mutuamente de forma ininterrumpida.
«Estar sentado lo menos posible; no dar crédito a ningún pensamiento que no haya nacido al aire libre y en movimiento libre, en el cual no celebren una fiesta también los músculos».
F. Nietzsche, Ecce Homo (1889)
© Àfrica Martínez Ferrín, 2026. Publicado originalmente en La Colmena de África.